
La Organización Meteorológica Mundial advirtió que el fenómeno alcanzará su pico máximo hacia fin de año y se extenderá hasta febrero de 2027. Anticipan un aumento de temperaturas globales y un riesgo elevado de sequías e inundaciones extremas.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) emitió un informe de alerta tras confirmar que el fenómeno de El Niño se encuentra en pleno fortalecimiento y que las temperaturas superficiales en el Océano Pacífico tropical central y oriental alcanzarán valores excepcionalmente altos en los últimos meses del año.
De acuerdo con las proyecciones del organismo internacional, existe casi un 100% de probabilidad de que este episodio de El Niño se prolongue, como mínimo, hasta febrero de 2027. Los especialistas estiman que su pico máximo de intensidad se registrará hacia diciembre, posicionándolo entre los eventos climáticos más severos observados desde 1950.
El reporte advierte que este escenario impulsará marcas térmicas superiores a la media a escala global y alterará de forma drástica el régimen de lluvias en distintas zonas del planeta, incrementando el riesgo de inundaciones severas y sequías prolongadas.
¿Qué son El Niño y La Niña y cómo impactan?
Ambos fenómenos representan las fases opuestas del patrón climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS):
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El Niño (fase cálida): Ocurre por un calentamiento anómalo en las aguas del Pacífico ecuatorial ante el debilitamiento de los vientos alisios. En América del Sur suele favorecer lluvias intensas e inundaciones, mientras que en regiones como Australia, Indonesia y el sur de África desencadena fuertes sequías.
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La Niña (fase fría): Se genera cuando las aguas superficiales se enfrían por debajo de lo habitual, intensificando los vientos del este y alterando los patrones atmosféricos.
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Duración y ciclos: Las transiciones entre ambas fases suceden cada dos a siete años. Mientras que los eventos de El Niño se extienden habitualmente hasta 18 meses, los de La Niña pueden prolongarse hasta por tres años.
La influencia del cambio climático y la utilidad de los pronósticos
Desde la OMM explicaron que, si bien el cambio climático no incrementa necesariamente la frecuencia de El Niño, sí amplifica su impacto ambiental. La mayor temperatura acumulada en el aire y los océanos aporta más energía y humedad, lo que deriva en eventos extremos como olas de calor más severas o precipitaciones violentas.
Los expertos remarcaron que el monitoreo del ENOS no busca predecir el clima diario de una ciudad en particular, sino proporcionar tendencias regionales con meses de anticipación. Esta información resulta clave para que sectores productivos como la agricultura, la salud pública y los organismos de gestión de emergencias adopten medidas preventivas a tiempo.
con informacion de el Destape



