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INICIA EL JUICIO POR EL CRIMEN DE FERNANDO BAEZ SOSA

La madrugada del 18 de enero de 2020, Fernando Báez Sosa salió a bailar con sus amigos y su novia al boliche Le Brique, en Villa Gesell. Allí todo transcurría con normalidad, hasta que tuvo un encontronazo con un grupo de rugbiers. Parecía que la situación terminaba en ese lugar, pero la patota lo esperó afuera de la discoteca y lo asesinó a golpes.

El chico de 18 años había llegado a la ciudad balnearia el jueves 16 de enero. El plan era permanecer unos días con sus compañeros de la escuela secundaria y con su pareja, Julieta Rossi. Tanto él como sus amigos se alojaron en el hostel “Hola Ola”, donde iban a quedarse hasta el 23 de ese mes.

Al día siguiente de haber llegado, Fernando y sus amigos decidieron que iban a ir a bailar esa noche. Hicieron una previa y después fueron a la clásica disco de Gesell, que explotaba de jóvenes.

En un momento de la noche, los patovicas sacaron a Fernando después de que intentara defender a su amigo Julián García, que tuvo un altercado un grupo de jóvenes. La situación comenzó cuando uno de los amigos del joven rozó a uno de los rugbiers sin querer. Sin vueltas, la seguridad del local bailable echó a los dos bandos.

Luego de ser expulsado de Le Brique, Báez Sosa se quedó enfrente del boliche junto a otros compañeros, a la espera de que saliera el resto del grupo. Pocos minutos después, dos rugbiers (Enzo Comelli y Ciro Pertossi) vieron a Fernando. Ambos les avisaron al resto de la banda y todos fueron directo para atacarlo por la espalda. Eran diez, pero, según la fiscalía que investiga el hecho, solo ocho participaron del homicidio.

“A los cinco minutos de estar ahí, charlando con los chicos sobre el motivo por el cual los habían sacado y sobre lo que había pasado adentro, es cuando aparece un grupo de jóvenes. Nos empezaron a golpear a todos. Recibí un golpe en la boca, pero no fue nada, otros recibieron más que yo”, declaró Julián en la instrucción de la causa.

Después del asesinato, los rugbiers volvieron al lugar donde estaban alojados. En el trayecto, relataron en voz alta todo lo que había pasado y fueron escuchados por una empleada de un hotel cercano. El testimonio de esta mujer sirvió para la detención de los jóvenes horas más tarde.

A las 5:30 de la madrugada, luego de sacarse los restos de sangre, algunos integrantes del grupo fueron a desayunar a Mc Donald’s, como si nada hubiera pasado. Esta secuencia también fue captada por las cámaras de seguridad del local de comida. Horas más tarde, pasadas las 10, finalmente fueron detenidos por la Policía Bonaerense.

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