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ABUSO DE SU HIJA Y PIDIÓ QUE REVISEN SU SENTENCIA PORQUE ESTABA ENAMORADO DE ELLA

Alejandro Rosario Manuel Leguizamón es un empresario acusado y condenado a 50 años de prisión por abusar sexualmente de cuatro de sus seis hijas. El agresor había apelado al fallo, sin embargo, este miércoles la Sala III del Tribunal de Casación Penal bonaerense la rechazó y ratificó la sentencia.

Para los jueces Victor Horacio Violini y Ricardo Borinsky “el testimonio brindado por las víctimas resulta medular para acreditar los extremos del hecho, toda vez que los mismos suelen tener lugar en un ámbito de intimidad, en el que resulta inusual a la presencia de testigos a través de cuya declaración pueda reforzarse la prueba reunida”.

De esta manera, el tribunal confirmó la sentencia establecida para el abusador. La defensa del acusado había solicitado que fuera revisada ya que consideraron que estaba basada en “pruebas falsas, contaminadas y subjetivas”.

Además, sostuvieron que hubo “mendacidad” en los testimonios de las víctimas, aunque no dieron detalles sobre ello, y cuestionaron los años de condena solicitando su reducción.

Casación, por su parte, explicó que “debe mantenerse la pauta severizante relativa a la especial forma de comisión de los ilícitos, pues, sin perjuicio del evidente ataque a la integridad sexual de las víctimas, la mecánica para su concreción incluyó un permanente sometimiento violento, que incluía golpes y humillaciones, circunstancia que aumentó la gravedad de los sucesos padecidos por las víctimas”.

Los violentos ataques ocurrieron en la misma casa de la familia, ubicada en Presidente Ortiz al 3400, en Castelar sur y otros lugares que las víctimas pudieron identificar. Leguizamón desestimó las denuncias en su contra y solo reconoció: “Alguna vez se me fue la mano”.

Los abusos comenzaron cuando las víctimas eran muy chicas. Romina, quien fue la primera denunciante, dio detalles sobre los padecimientos que vivió. La joven recordó que tenía cinco años la primera vez que su padre abusó de ella. Además, relató que, luego de cada ataque, la amenazaba para que no cuente lo que le hacía.

“Lo mío con vos no es abuso, es incesto. Yo estoy enamorado de vos y juntos tenemos que hablar con tu mamá para que ella haga una terapia y lo acepte”, le dijo el acusado en 2016 por medio de una aberrante carta. Ese fue el desencadenante para que la joven revelara lo que le pasó y realizara la denuncia.

Romina dijo que su madre estuvo “ausente” o “distante” durante todo el tiempo en que fueron abusadas ella y sus hermanas, y recordó que cuando tenía 13 años intentó suicidarse tomando pastillas.

En aquel momento debió ser internada en el hospital de Morón y su padre la obligó a decir que lo había hecho “porque él tenía cáncer y no podía soportarlo”, situación que era completamente falsa.

La víctima también contó que Leguizamón agredía físicamente a sus hijos varones y a su madre, a quien incluso una vez quiso obligar a tener relaciones con un conocido. “Varias veces le puso un arma en la boca a mi mamá por celos”, dijo.

Cuando tenía 17 años, su padre la acusó de tener relaciones sexuales con un vecino. Ante ello, la agarró de los pelos y la llevó hasta la casa del chico, golpeándola y amenazando a ambos para que terminaran el vínculo. “Toda demostración de afecto era impedida por él”, explicó.

Durante la ratificación de la sentencia, el fiscal le preguntó cómo estaba su vida hoy. Ella respondió: “Soy libre”.

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