
El José Fierro es una fiesta. Medio Tucumán es una fiesta. Y Atlético es el protagonista de esta fiesta. Las gargantas de las más de 35.000 personas al ritmo de «gracias a los jugadores, los huevos que ponen para ser campeón. Eso, eso no se olvida, lo dice la hinchada, con el corazón», retumba en el Monumental. Sí, la tradicional canción dedicada al Decano durante este último tiempo se transformó en una especie de himno para el conjunto norteño que invita a soñar. Y cómo no hacerlo, cuando faltan sólo seis fechas para la finalización del campeonato y los dirigidos por Lucas Pusineri miran a todos desde arriba, con dos puntos de ventaja sobre su inmediato escolta, Boca. El triunfo por 3 a 1 ante Estudiantes es un empujón más a la ilusión; a lograr algo histórico en los 120 años de vida de este equipo norteño, que empezó el campeonato en lo más bajo y hoy vive un presente totalmente distinto.
Sin Carlos Lampe, Bruno Bianchi, Martín Garay y Cristian Menéndez, Pusineri tuvo que realizar para este partido varios cambios obligados. Tomás Marchiori quedó como el arquero titular en reemplazo de Carlos Lampe, mientras que en la defensa estuvieron Jonathan Sandoval y Nicolás Thaller; en la delantera, en tanto, Mateo Coronel ocupó el lugar de Polaco Menéndez. Y así, el equipo que tiene acostumbrado a mandar en cancha el DT no fue el mismo, por lo menos en la etapa inicial. Le costó ser protagonista y se notó adentro del campo. Sin embargo, al fin de cuentas, con más empuje que fútbol, el Decano pudo sacar adelante el partido, duro por cierto, pero se llevó una victoria más que importante de cara al futuro. ¿Importante? ¡Importantísima!
Porque Atlético cambió los roles. Se hizo dueño y señor del encuentro. Demostró ser otra vez ese Atlético que viene sorprendiendo a propios y extraños a lo largo del torneo. Entonces el Decano recuperó una pelota en la salida, y Coronel, cuando buscaba el remate, un defensor del visitante se lo llevó puesto y Herrera cobró penal. Carrera le cedió el balón al 9 y éste le pegó bajo y cruzado, a la derecha de Andújar. La pelota entró contra el palo y, por supuesto, el José Fierro explotaría nuevamente. Los minutos seguirían y el objetivo era cuidar el resultado. Disfrutar, además, del canto de las tribunas y seguir soñando bien despierto que sí se puede. Porque si bien Huracán, Boca y Racing ganaron sus respectivos partidos, la presión que le tiraron encima al equipo de Lucas Pusineri dejó en efecto que esto sí le sirve a los tucumanos. Y ahora solo seis fechas separan a los norteños de la ilusión de ser campeones, algo que sería inolvidable.




