
Quilmes venció 1 a 0 a Ferro y se clasificó para la final del Torneo Reducido de la Primera Nacional. El árbitro Nicolás Lamolina sancionó un penal escandaloso y el Cervecero jugará el cruce decisivo para ascender a primera división ante Barracas Central.:quality(75)/cdn.jwplayer.com/v2/media/jGNbg0Hz/poster.jpg)
La segunda semifinal del Torneo Reducido de la Primera Nacional a la primera división estuvo teñida por el escándalo: Quilmes superó por 1 a 0 a Ferro Carril Oeste como local, con un penal sancionado por Nicolás Lamolina que desató la furia de los de Caballito. En declaraciones a TyC Sports, el árbitro admitió el error: “Le pido disculpas a toda la gente de Ferro”, dijo el juez. Y agregó: “Lo volví a ver y me doy cuenta de que Anselmo (delantero de Quilmes) golpea al arquero. Al ver mi error sentí una decepción tremenda”./cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/lanacionar/YLFQHARXSZC4VA52TGJPPJTBV4.jpg)
Así, el Cervecero se enfrentará a Barracas Central en la final del Reducido de la Primera Nacional por el segundo ascenso a la Liga Profesional, para determinar cual de ellos acompañará a Tigre a la máxima categoría del fútbol argentino. Esa final se disputará a partido único el próximo martes 21 de diciembre desde las 20.10 en el estadio de algún club del sur del Gran Buenos Aires.
El mencionado bochorno con el que concluyó el partido en el estadio Centenario obedeció a una falla decisiva del árbitro, Nicolás Lamolina, que aparentemente a instancias del juez de línea, Yamil Bonfá, sancionó como penal una falta inexistente del arquero de Ferro, Marcelo Miño, sobre el recién ingresado delantero quilmeño Federico Anselmo, quien se hizo cargo de la ejecución que le terminó dando la victoria a su equipo. Iban 30 minutos del segundo tiempo y en el cuarto de hora final los visitantes presionaron en pos de una igualdad que merecían, pero no lograron quebrar esa diferencia con la que Quilmes pasó luego del empate 1 a 1 del cotejo de ida en Caballito.
Tras el cierre del partido, todos los jugadores de Ferro fueron a reclamarle al árbitro, en un clima que se enardeció aun más por las amenazas de los plateístas locales. Un cordón policial rodeó al juez, que también encontró resguardo en los jueces de línea, quienes también recibieron los reproches, en especial el asistente número uno. Mientras tanto Hernán Grana, una de las figuras del conjunto verdolaga, rompió a llorar frente a lo que consideró una injusticia arbitral.



