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A 10 AÑOS DE LA DESAPARICIÓN DE MARIA CASH, CONTINUAN LAS ESPERANZAS DE UN ENIGMA QUE NADIE LOGRÓ RESOLVER

El 8 de julio de 2011, se tuvo el último rastro certero de la diseñadora. Desde entonces, su familia la busca con desesperación. Qué cambió en una década en la búsqueda de personas y por qué el caso se convirtió en un hito.

“Mientras el tiempo vuela, se nada en la incertidumbre. Cuando la respuesta es lenta, un caso simple se convierte en complejo”. Esa es la reflexión de un investigador que participó en la búsqueda de María Cash y todavía vive con angustia por no poder brindar certezas a la familia de la diseñadora desaparecida hace 10 años. Impotencia y frustración, los sentimientos que surgen ante esa incapacidad, pese a todo el trabajo realizado desde entonces.

El último rastro certero que se tiene de Cash es del 8 de julio de 2011, cerca de las 16 hs, sobre la ruta 9, a la altura de la Difunta Correa, un paraje desolado y solitario del norte argentino. Hace exactamente un década. Sus padres y sus hermanos nunca bajaron los brazos. Máximo Cash, el papá de María, murió en un accidente en una ruta en La Pampa, buscándola. En su auto encontraron folletos con el rostro de su hija.

La voluntad sobra, pero -y pese a los esfuerzos- la falta de capacitación que aún persiste en las policías y en la Justicia arrastran al fracaso a este tipo de casos con hipótesis simultáneas, explicaron fuentes cercanas al caso. “Lamentablemente, el error es inclinarse por una. Esa tendencia se da inducida por alguien o por el deseo de querer resolver el caso. Si se siguen aplicando las mismas fórmulas, el resultado va a ser el mismo. Se hizo mucho por cambiarlo, todavía falta”, agregaron. La sensación es compartida por aquellos que buscan a Guadalupe Lucero en San Luis.

Las hipótesis que giran en torno a Cash son varias: desde un trastorno psiquiátrico que la hizo deambular de forma errante y adentrarse en el monte, hasta la trata de personas, abuso y homicidio. También que haya evadido voluntariamente su vida anterior al 8 de julio de 2011. Esta última es la que le da esperanzas a la familia de que siga con vida, aunque no regrese.

Los investigadores también deben sortear en el camino “líneas distractoras”: malintencionados, bromistas, oportunistas o personas que, sugestionadas por las imágenes que transmiten los medios de comunicación, creen ver a la persona desaparecida. Cada una de ellas debe ser descartada.

La causa de María Cash nunca se cerró. Incluso, se convirtió en un hito en materia de búsqueda de personas en la Argentina. Una mesa interdisciplinaria, compuesta por el Sistema Federal de Búsqueda de Personas Desaparecidas y Extraviadas (SIFEBU), a caro de Leticia Risco; el fiscal federal Eduardo Villalba, las fuerzas federales y un investigador Ad Hoc, se reúne de forma regular desde 2019, cuando un gran operativo de rastrillaje intentó encontrar rastros de la diseñadora en un área cercana a la gruta de la Difunta Correa.

En este nuevo aniversario el encuentro se dio en Salta, con la participación de la familia. Repasaran juntos todo lo que se hizo por encontrar a María en una década y remarcarles qué significativo fue el caso para el Estado. “Nos hizo ver las falencias del sistema. Desde entonces, se ha venido fortaleciendo, sea cual sea la gestión de Gobierno”, indicaron fuentes oficiales.

Cuando la diseñadora desapareció, el Ministerio de Seguridad de la Nación había sido creado recientemente (en diciembre de 2010). El caso abrió los ojos a los investigadores cuya experiencia previa estaba vinculada a Marita Verón, relacionado a la trata de personas. “Hasta ese momento, en 2011, no se entendía el fenómeno y con María -una desaparición que presentaba varias hipótesis- se comenzó a encarar la necesidad de una política nacional de búsqueda de personas en las que debían participar las fuerzas federales”, detallaron.

Siguiendo esa línea, en 2014 se creó la Unidad de Búsqueda de Personas Extraviadas. Ese mismo año, encontraron a Luciano Arruga, a través del cotejo de huellas dactilares de personas enterradas como NN. En 2015, el mismo equipo encaró el problema de articulación con las provincias: se desarrolló el Sistema Federal de Comunicaciones Federales (SIFCOP), que permite la comunicación a nivel nacional de todas las policías del país en tiempo real de todas las personas desaparecidas.

Al año siguiente, se creó por decreto el SIFEBU con el objetivo de crear criterios uniformes a nivel federal en la intervención, protocolos, policías y ministerios de seguridad provinciales. También desplegó en cada jurisdicción enlaces operativos. Este miércoles, por ejemplo, el sistema permitió encontrar de forma rápida a una nena que había sido sustraída por su padre. Tras la denuncia, pudieron determinar que el hombre había sacado pasaje en micro a Mendoza, con una escala en Tucumán, donde se interceptó el ómnibus y la nena fue recuperada.

El ente, que brinda capacitaciones a las fuerzas federales y fiscalías, todavía persigue una premisa básica: que se deje de lado la práctica policial, no escrita, que manda a esperar entre 24 y 48 horas para tomar una denuncia por desaparición. Aunque, en la mayoría de los casos, las personas aparecen en ese rango horario, si se está frente a un delito, las primeras horas son fundamentales. El paso del tiempo borra rastros.

“Son casos complejos y desafiantes. La finalidad es profesionalizar a cada fuerza y que tengan sus propios recursos. Existen provincias que ya cuentan con su propio sistema de búsqueda que responde a los protocolos y guías de actuación elaboradas por el SIFEBU ”, indicaron.

Otro aspecto positivo que notan los responsables de la oficina que depende del Ministerio de Seguridad de la Nación, a cargo de Sabrina Frederic, es que hay “mucho interés”: la formación es voluntaria y en la última se inscribieron 5600 agentes de todo el país.

Alerta Sofia, concebido a semejanza del Alerta Amber de EEUU, fue el último gran paso que dio el Estado en el mismo sentido. “En Estados Unidos notaron que los nenes sustraídos eran víctimas de homicidio en las primeras horas. Por más eficiente que sea la policía y cuenten con todos los recursos, no llegaban a tiempo. Por eso, se creó la alerta, para poder contar con la ayuda de la comunidad, la necesitaban”.

El sistema se activó en tres oportunidades: en 2019, por Abril Caballé; en marzo de 2021 por M. y ahora sigue vigente por Guadalupe Lucero.

“Todo esto sucedió durante todos esos diez años y esa experiencia se retroalimenta en el caso de María”, precisaron las fuentes. “El desafío es enorme, todavía falta mucho y estamos en ese trabajo: articulando con las provincias, firmando convenidos con agencias gubernamentales, ONGs y actores de la sociedad civil como el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF)”, detallaron desde la oficina del Ministerio.

Entre los pasos que quedan por dar se encuentra la creación del SIFEBU por ley y fortalecer el registro de NNs a nivel nacional. “La información tiene que circular y la respuesta debe ser inmediata, dejando de lado prejuicios y preconceptos, con perspectiva de género y clase. Todavía hay que trabajar con la empatía, desde el oficial que toma la denuncia”, cerraron.

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