Espectáculos

LOS CANDIDATOS A MEJOR PELÍCULA EN LOS PREMIOS OSCAR

Un repaso por los nueve largometrajes mejor posicionados de cara a la demorada entrega del próximo 25 de abril, por la pandemia.

“Oscar 2021 Predictions”. Los augurios que circulan en los diarios y webs de Estados Unidos son casi unánimes: qué películas rankean mejor como candidatas a mejor película en la ceremonia del próximo 25 de abril, más tarde que lo habitual debido al COVID-19. Aquí, un repaso por las claves, las tramas y los puntos fuertes de nueve grandes filmes que están en casi todas las apuestas para los Oscars 2021: Nomadland, News of the World, Minari, Mank, One Night in Miami, El Juicio de los 7 de Chicago, La Madre del Blues, Da 5 Bloods y Judas and the Black Messiah.

Nomadland

Nadie lo duda demasiado: Nomadland es la primera gran candidata a mejor película. ¿Quién puede vencer una historia con un arraigo simbólico tan actual? ¿Qué mejor película refleja la mala era (y el fin) de Donald Trump?

Frances McDormand (que también será nominada a mejor actriz) interpreta a Fern, quien se queda desempleada luego del cierre de la fábrica de yeso en Empire, Nevada. Su esposo trabajó también allí, murió hace poco, y Fern da un giro a su vida: vende sus pertenencias, se compra una camioneta para vivir y pelear trabajos rumbo a Arizona. En el camino se integrará al destino de otros nómades que, para el ojo medio norteamericano serían “improductivos”: sin salario fijo y sin arraigo.

Luchan para comer y sobrevivir como sea, mientras cuelgan la ropa afuera de sus vehículos a la vera de la ruta. Son el reverso del viaje de los motoqueros de Busco mi destino (Easy Rider, 1969): fueron hippies en los años ’60, vivieron los escabrosos ’70, la negación conservadora de los sueños colectivos en los ’80, y ahora, con 50, 60 o 70 años y con Trump dividiendo a la sociedad, vuelven a la ruta para siempre.

El de Fern no es un viaje épico sino un estado de movimiento contra la depresión, la desesperación y el olvido. Con otros como ella (dos amigas definitivas, algún afecto tardío, un gurú que les da consejos prácticos a esta comunidad andante). La directora de Nomadland, Chloé Zhao, nació en China pero hizo toda su carrera en Estados Unidos. Esa amplia perspectiva marca la poesía, sin adjetivos de más, y a pura poesía, de Nomadland.

News of the World
En este western crepuscular que retoma los tópicos del clásico Más corazón que odio (The Searchers, 1956, de John Ford), Tom Hanks encarna al Capitán Jefferson Kyle Kidd, un ex combatiente de los Confederados (esclavistas) en la Guerra de Secesión. Y en 1870 se gana la vida contando noticias de los periódicos, de un pueblo al otro, a cambio de diez centavos por persona.

En su viaje interminable descubre una carreta volcada en un bosque, el cadáver colgado de un negro, y halla a una niña rubia de ojos celestes que no habla inglés, sino el idioma indígena kiowa: había sido secuestrada por aquella tribu y que debía ser regresada con su familia original en una colonia agrícola alemana a 500 kilómetros.

El Capitán y la joven Johanna Leonberger / Cicada emprenderán el viaje y vivirán varias aventuras en medio de la hostilidad de cowboys y ladrones que buscan sacar tajada de un país caótico tras la guerra. ¿Querrá reinsertarte con su familia de sangre? ¿Volverá con los indios que la secuestraron, y que Johanna considera su familia? “Ella se quedó huérfana dos veces”, entenderá Kidd, quien también trae una pena consigo y carga el retrato de su esposa, a quien no ve desde antes de las batallas.

Recorriendo fastuosos y a la vez íntimos paisajes rurales, el narrador oral que es Kidd va a replantear su propio destino junto a la joven bajo su protección Parece una película pequeña, pero tiene un guión casi perfecto y un final aleccionador. Hanks está perfecto en su papel, pero la teen actriz Helena Zengel es la verdadera gema de News of The World.

Minari

Los sueños rotos de los ochenta en Estados Unidos y la era de Ronald Reagan se comprenderán mejor en un espejo cercano: los inmigrantes y descendientes surcoreanos que buscan su propia versión (si existe) del sueño americano. Jacob Yi (Steven Yeun, recordado por The Walking Dead) muda a su esposa Monica (Han Ye-ri) y a sus dos hijos, desde California a una parcela rural en Arkansas. Ella desconfía pero él persigue un objetivo no tan fácil: cultivar alimentos y productos para los coreanos-norteamericanos.

Sus hijos (Anne y David, él con un soplo en el corazón) sufrirán las peleas de sus padres y sus propias frustraciones, entremedio. No es simple vivir en un container adaptado como una casa y apoyado sobre ruedas, no en la tierra. En la semana, Jacob y Monica separan pollos hembras de los machos, por los huevos, en una fábrica. “Chicos, en unos días vendrá a vivir con nosotros la abuela, desde Corea del Sur”, les cuenta Jacob.

Pero ella, Soon-ja (Youn Yuh-jung) posee otras costumbres, otros gustos y otro olor. Cerca del río va a plantar semillas de minari (también conocido como apio acuático o apio chino), muy resistente y útil. “No va a dejar de crecer, niños”, dice la abuela.

Las cartas que juega ella parecen caer sobre las revelaciones, mínimas o más ambiciosas, de esta familia en medio de una comunidad religiosa que no entiende nada de los surcoreanos. Lee Isaac Chung logró un drama autobiográfico a partir de su propio guión, de sincera sensibilidad. Si no gana como mejor película, allí tendrá Minari su buena cosecha en los Oscar.

Mank
En 1940, Herman J. Mankiewicz (Mank) bebe a escondidas mientras escribe para el cine a contrarreloj: con una pierna enyesada tras un accidente de auto, sale de la cama como puede, se acerca a las botellas escondidas y escribe. “¿Cómo vas, Mank? Mirá que te quedan sólo 30 días?”, avisa Orson Welles por teléfono. Mank sonríe en blanco y negro, entre el vaho del alcohol y los remedios, y trama su más perfecto e innovador guión: Citizen Kane.

Una obra sobre un magnate de los medios que se perdió en sus ambiciones y su soledad. Una crítica al sistema de producción de Hollywood. Una ironía no tan indirecta sobre el empresario William Randolph Hearst (quien desde sus vastos periódicos incitó la guerra hispano-estadounidense de 1898, por Cuba). Y un homenaje a la inteligente amante de aquél: Marion Davis. “No vas a recibir crédito por este guión. Será todo para Orson”, le dicen a Mank (Gary Oldman) los productores de RKO.

Mank bebe y escribe. En este nuevo filme, el director David Fincher tomó un guión de su difunto padre Jack para reivindicar a Mankiewicz (siguiendo una tesis de la crítica Pauline Kael). El tiempo y las disputas legales iluminaron el peso de aquél, en Citizen Kane, con la innegable y visionaria dirección de Orson Welles.

Mank explora la vida del personaje de Goldman con saltos en el tiempo y meta-mensajes acerca del excéntrico millonario Hearst, la ambición de Welles y la picadora de carne de Hollywood. Para enfocar mejor aquel tiempo y nunca dejar de ver, ahora con Mank, a Citizen Kane.

One Night in Miami
“Tus canciones románticas no aportan nada en la lucha contra el racismo. Sólo entretienen a los blancos”, acusa el líder combativo Malcolm X a Sam Cooke, el ícono del soul y del R&B. Es una de las escenas más intensas de One Night in Miami, la opera prima de la actriz Regina King. Corre febrero de 1964 y en un motel de Miami los acompañan Cassius Clay (a días de convertirse al Islam y renombrarse Muhammad Ali) y el campeón del fútbol americano Jim Brown.

El boxeador ganó su título mundial, horas atrás, contra Sonny Liston, y los cuatro ilustres se reunieron para celebrar y- debatir sus roles diversos en la lucha por la igualdad. “¿Yo te parezco un vendido? -cuestiona Cooke-. Mi empresa editora cobra regalías cada vez que los Rolling Stones y otras bandas blanca graban mis temas”. Malcolm X retruca: “Tus canciones no dicen nada comprometido. ‘Blowing in the Wind’, de Bob Dylan, habla mucho mejor de nuestros traumas raciales. ¿Cuántos caminos deberá recorrer un hombre antes de que se lo pueda llamar un hombre?”.

Y los ídolos del boxeo y de la pelota ovalada miran a Cooke y a Malcolm X con los ojos brillosos. La fama tampoco les ahorró la condición de víctimas. Magistral film que adapta una obra teatral homónima, One Night in Miami combina a actores fascinantes con potentes diálogos no sólo asociables al pasado, sino a la Norteamérica post-Donald Trump y del Black Lives Matter. ¿Qué les deparó la Historia a los cuatro grandes de Miami? La música soul, hasta el final, deja las respuestas soplando en el viento.

El Juicio de los 7 de Chicago
El director y dramaturgo Aaron Sorkin es el símbolo actual de los filmes judiciales. Descolló con sus guiones en Cuestión de honor (1992), la serie The West Wing (1999-2006) y el largometraje Red Social (2010), entre otros. Y en The Trial of the Chicago 7 (tal su título original) reconstruye el juicio que ciertos “hombres de ley” les armaron a siete referentes opositores contra la guerra de Vietnam, en 1968.

¿Los cargos? Sedición y conspiración en medio de los disturbios de la Convención Nacional Demócrata de aquel año en Chicago: cuando Hubert H. Humphrey lanzó su campaña presidencial, sin suerte, frente al republicano Richard Nixon.

Pero los siete líderes “sospechosos” ni siquiera se conocían entre sí: Sacha Baron Cohen y Jeremy Strong hacen de dos prestigiosos voceros hippies; Eddie Redmayne preside una organización de estudiantes demócratas; John Carroll Lynch y Alex Sharp representan al Comité Nacional Movilizado por el Fin de la Guerra de Vietnam; Noah Robbins y Daniel Flaherty son activistas antibélicos. Y Yahya Abdull-Matteen II es un Pantera Negra que ni siquiera estuvo aquel día de represión policial.

Aunque los siete (u ocho) son juzgados por igual, con pruebas armadas y testimonios falsos. ¿Justicia para todos? Mark Rylance será el abogado defensor en este alegato épico frente a la paranoia conservadora. Un filme no exento de humor contra el absurdo jurídico, para restituir la cordura legal y no hacer olvidar que Vietnam fue, ante todo, un gran negociado de la corporación militar-industrial. ¿Qué veredicto dará la Academia de los Oscar?

La Madre del Blues
Una tragedia con compases negros. Una película catártica con aroma de blues. Un canto al pronunciamiento afroamericano. Una denuncia de la explotación de los músicos negros en 1927 que interpela al presente con vigor incomparable. Basada en la obra de teatro de 1982 de August Wilson, a quien se suele llamar el Shakespeare norteamericano, esta producción de título original Ma Rainey’s Black Bottom es implacable y tierna a la vez.

Viola Davis hace de Ma Rainey, una leyenda inicial del blues que viaja a una sesión de grabación en Chicago con su banda, entre quienes está el trompetista Leeve Green (Chadwick Boseman, quien falleció de cáncer el 28 agosto de 2020). Él es arrogante y a la vez ingenuo, y pretende que Ma Rainey tome en cuenta un arreglo modernizado del tema “Ma Rainey’s Black Bottom”. Pero ella desea grabar su versión original, más clásica y cruda.

En esa calurosa jornada de grabación en Chicago se mostrará cómo los músicos toman distintas actitudes para lidiar con la presión de los productores, ávidos de canciones que pagan mal para luego hacer negocio a costa de los artistas.

Ma Rainey se encarga de que los empresarios blancos obedezcan sus veleidades, mientras discute con Leeve y motiva a los demás músicos en aquella sesión, con un final tan inesperado como absurdo. Muchos la definen como “una obra teatral filmada”, otros como una película de diálogos filosos, pero La Madre del Blues goza de un timing actoral que no deja de provocar. Dice Ma Rainey: “Los hombres blancos no entienden el blues. No pueden vivenciar todo el dolor de donde proviene”.

Da 5 Bloods
¿Una masterpiece o una idea ingeniosa que se queda a mitad de camino? ¿Las sangres del título se pueden salvar? El puntapié es atrapante: tres veteranos de Vietnam (más el hijo de uno de ellos) regresan hoy a la selva para desenterrar una carga de lingotes de oro. La habían extraído de un avión estrellado de la CIA, en la guerra, y la escondieron en medio de un combate.

Aquel tesoro iba a ser para los nativos del campo que delataban a sus compatriotas del Viet Cong, pero los cinco “Bloods”, este escuadrón de afroamericanos de más de sesenta años, quiere recobrar el oro recobrar para su comunidad: los afroamericanos que sirvieron como carne de cañón en Vietnam.

Ese fue el legado y la misión que les encomendó su líder, el quinto “Blood”, Norman (interpretado por Chadwick Boseman). ¿Hallarán el oro y los huesos de aquel referente que los marcó a fuego? Entremedio del drama cada vez más trepidante, Spike Lee inserta imágenes de archivo para recordar, por si alguno lo olvidó o lo negó, que los negros fueron el arma descartable de los blancos en Vietnam: una forma extendida de su larga esclavitud.

Con algunos desbordes escénicos y coloridos típicos de Spike Lee, Da 5 Bloods expone los distintos traumas de guerra y las ideologoías no tan afines de cinco ex-guerreros hermanos. “¿Qué hacés con el gorro rojo de Donald Trump que dice ‘Make America Great Again’?”, le recriminan los demás a Paul (Delroy Lindo), el más desencajado de los “Bloods”. Quien vuelve a Vietnam con sus fantasmas y sus paranoias, ¿había dejado Vietnam alguna vez?

Judas and the Black Messiah
Esta película de Shaka King desnuda uno de los manuales que usó el FBI para reprimir a los Panteras Negras en los ’60: forzar a William O’Neill, un ladrón negro -sin ideales ni dignidad- a que sea el informante del gobierno y el traidor de Fred Hampton, el líder de las Panteras en Illinois.

Judas and the Black Messiah ubica en aquellos polos al dúo actoral que también ocupaba roles opuestos (el servil y el rebelde) en la terrorífica ¡Huye!: Lakeith Stanfield y Daniel Kaluuya. Allá eran presas de unos racistas que experimentaban con sus cuerpos y sus mentes. Acá son el ratón y el gato de la conspiración de un sector del FBI: asesinar a Hamtpon.

En tanto, el rubio Jesse Plemons (con esa frialdad psicopática que supo traer de la serie Breaking Bad) es el agente que obliga a Willam O’Neill (Stanfield) a que se infiltre y gane la confianza de Hampton (Kaluuya). “Pero él no es un terrorista”, atina a decir el ladrón. ¿Están ya echadas las cartas?

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