Sociedad

QUEDÓ DISCAPACITADO DESPUES DE QUE UNA ENFERMERA LE GOLPEARA LA CABEZA EN UN CONTROL DE RUTINA

Ocurrió en una clínica de Recoleta. Tras el accidente, Rocco estuvo en terapia intensiva y sobrevivió. Su familia reclama justicia hace 11 años

Pasaron más de 11 años del día que cambió para siempre la vida de Rocco Grime Kahan y su familia. Ocurrió en unos pocos segundos y torció todo lo que vendría después. Durante un control pediátrico en el Sanatorio Anchorena de Recoleta, una enfermera le golpeó involuntariamente la cabeza con un aparato médico. Rocco tenía un mes y 28 días. Según sus padres, el hecho le provocó retraso madurativo y afasia mixta global severas. Desde entonces, tiene discapacidad cognitiva irreversible y su dependencia de terceros es total.

Ningún miembro de la familia olvidará ese día. Era el cumpleaños número tres de Dante, el mayor de los cuatro hermanos Grime Kahan, cuando su mamá decidió llevar a Rocco al centro de salud que estaba en la cartilla médica de su prepaga Accord, del gremio UPCN, a realizarse un chequeo tras la aparición de un brote dérmico.

En medio de la consulta, la enfermera que lo atendía hizo un mal movimiento, estrelló su cabeza contra la punta de un negatoscopio y le causó una contusión cerebral. Con menos de dos meses, conoció la terapia intensiva de un hospital. El día de festejo se convirtió en el comienzo de una pesadilla.

Los médicos les dijeron a los papás de Rocco que, si creían en algo, se pusieran a rezar, según contaron a los medios. Era lo único que podían hacer por su hijo, que tenía un hematoma y un edema frontal líquido en el cerebro con un pronóstico de muerte. “Las perspectivas de vida y sobrevida eran muy escasas”, dijo Deborah Kahan, su mamá. Sin embargo, tras una semana en terapia intensiva, el nene sobrevivió.

El año siguiente transcurrió dentro de los parámetros esperados. “Él siempre se sentó, caminó cuando tenía que hacerlo, nunca tuvo problemas motrices. Pero el área donde tuvo el golpe es el de la comprensión, comunicación y lenguaje”, explicó Deborah. “En un principio, no veíamos una secuela y estábamos contentos, pensando positivamente que era un mal recuerdo, esperanzados”, agregó.

A un año y medio del episodio, la situación cambió por completo: la familia empezó a notar que Rocco tenía disfunciones en la boca y que había que cambiarle los pañales constantemente. Además, los alertó el hecho de que las primeras palabras tardaran tanto en llegar. Nunca las dijo.

“En ese momento, nos asesoramos e iniciamos el litigio. Secuestramos la historia clínica y figuraba quién, cómo y dónde golpearon a mi hijo”, afirmó Deborah. Se abrió un proceso legal que continúa hasta la actualidad, mientras se dedican a la salud del nene. “Hacemos todo lo que esté a nuestro alcance”, manifestó la mujer.

Ahora tiene 11 años y los médicos diagnosticaron que posee retraso madurativo global severo. “No puede hablar, comunicarse ni entender información. No controla esfínteres y no puede hacer cosas como bañarse solo”, indicó su mamá. “Hubo una negligencia atroz que hizo que quedara con secuelas irreversibles, severas e irreparables”, lamentó su mamá.

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