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SEAN CONNERY SUFRÍA DEMENCIA EN LOS ÚLTIMOS AÑOS Y NO SABÍA QUIEN ERA

El mundo se despertó el sábado con una triste noticia: murió Sean Connery, el primer James Bond, uno de los actores británicos por excelencia y quien fue uno de los hombres más elegantes del mundo. Tenía 90 años y su familia comunicó que pasó sus últimas horas en su casa de las islas Bahamas, rodeado de los suyos.

Apenas se sabía nada de Connery en los últimos años, más que el hecho de que vivía retirado en su paraíso particular, jugando al golf y pasando sus días junto a su esposa, la pintora franco-marroquí Micheline Roquebrune. Por eso fue precisamente ella quien, horas después del fallecimiento, reveló que Connery había perdido la memoria y que ya no sabía quién era. “Sufría demencia y eso le pasó factura. Logró cumplir su último deseo de marcharse sin hacer ruido”, dijo.

“No era vida para él”, le dijo Roquebrune al Mail on Sunday. “En los últimos tiempos no era capaz de expresarse. Al menos murió mientras dormía, de forma absolutamente tranquila. Estuve con él todo el tiempo y simplemente se fue. Eso era lo que él deseaba”, explicó. La última imagen del actor, que nostró la pintora al diario, es de hace casi seis meses, del 6 de mayo, cuando festejaron sus 45 años como matrimonio. “Era fantástico y tuvimos una vida increíble juntos. Era un hombre modelo. Va a ser muy difícil estar sin él, lo sé. Pero no podía durar para siempre y se fue en paz”, agregó Roquebrune, de 91 años.

Según contó su viuda, Connery será cremado en Bahamas y allí tendrá lugar su funeral, aún sin fecha. También se desconoce qué ocurrirá con sus cenizas, si permanecerán en el Caribe o si retornarán a su Escocia natal. La pareja se conoció en 1972 durante un torneo de golf en Marruecos, un deporte que ambos practicaban, y mantuvieron un tórrido romance durante cuatro días. Connery entonces estaba casado con la actriz australiana Diane Cilento, con la que tenía un hijo, Jason, y de quien consiguió divorciarse tres años después, mientras que Roquebrune también tenía marido y tres hijos.

Estuvieron dos años sin verse hasta que en 1974 él le envió una invitación para volver a reunirse en Marbella, una ciudad que el actor frecuentó durante años. Y ahí surgió un amor que los unió durante casi medio siglo —y que llegó a superar algunas de las infidelidades conocidas del actor, como su affaire con la cantante pop británica Lynsey de Paul— y que floreció especialmente en Bahamas, el paraíso de la familia. La mansión familiar de los Connery estaba en Lyford Cay, en la isla de Nueva Providencia y muy cerca de Nassau, en una de las zonas con mejor clima del lugar, rodeado por el océano en tres de sus lados. El actor también tenía una mansión en Niza, en la costa azul francesa, de más de 4000 metros cuadrados y que tenía a la venta por 35 millones de dólares, pero Bahamas se había convertido en su refugio en los últimos años.

Hace ya más de 15 años que Connery decidió rechazar todos los papeles que se le ofrecieran. Su última aparición (más allá de ponerle las voces a unos cuantos personajes) fue en 2003 en La liga extraordinaria. Tras triunfar como James Bond en siete películas en los años sesenta, con escasos éxitos en los setenta, después de ganar un Oscar en los ochenta (por su papel del policía irlandés Jimmy Malone en Los intocables) y de volver a tener relevancia en los noventa, decidió poner tierra de por medio.

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