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ASESINÓ AL AMANTE DE SU ESPOSA PRENDIENDOLE FUEGO DELANTE DE ELLA

El crimen de Rubén Quiroga en San Juan reabrió el debate sobre la falta de perspectiva de género en la Justicia. Por el hecho están detenidos el asesino y su esposa, que mantuvo una relación amorosa con la víctima. La defensa de la mujer intenta demostrar que ella también sufría violencia y que actuó presionada por su marido y piden que se trate el caso como un femicidio vinculado.

La declaración de Glenda Nabila Aciar ante el titular de la Segunda Circunscripción Judicial Javier Alonso duró más de siete horas. Está detenida por homicidio doblemente agravado, por la alevosía y por la relación que mantenía con Quiroga. Sin embargo, ella también es víctima. Ante el juez, relató una historia de abusos y violencia de género que soportó durante toda su vida de parte de Luis Alfredo Montaño, su esposo.

Glenda lo conoció cuando era una nena. Se puso de novia con él a los 15 años y tuvieron una hija. Los maltratos siempre formaron parte de la relación. Pero todo se agravó cuando Montaño le revisó un día el celular y descubrió que le había sido infiel con otro hombre.

“Mi clienta siempre fue víctima de la violencia de Montaño, que la agredía constantemente por cualquier motivo, la maltrataba y hasta la llegaba a patear en el suelo. En este caso, el detonante fue un mensaje de texto que recibió de parte de Quiroga. Por esto, el marido no solo la golpeó como siempre sino que también le destruyó el celular y se quedó con el chip”, contó a Tiempo de San Juan uno de sus abogados, Juan Fonzalida.

Pero la violencia machista -física y psicológica- no frenó ahí. El hombre ideó un plan macabro que incluía forzar a su mujer a ser cómplice del crimen del amante.

“Creemos que Glenda también pudo ser asesinada si no hacía lo que Montaño le pedía”, añadió el letrado. El plan se concretó la noche del viernes 22 de mayo. Haciéndose pasar por su mujer, el acusado citó a Quiroga en un lugar y cuando el hombre apareció y quiso abrazarla a ella, lo asesinó.

Montaño lo atacó por detrás y le partió la espalda y la nuca con un fierro. Después trasladó a la víctima inconsciente hasta un basural donde había dejado preparados los elementos para encender una hoguera. Glenda, en shock, quiso irse pero él la retuvo de los pelos y le ordenó: “Te vas a quedar a ver cómo se quema tu macho”.

A la mañana siguiente Montaño volvió a llevar a su esposa hasta el lugar donde habían quedado los restos de Quiroga y la obligó a guardarlos en una caja. Así los llevaron a su casa, destornilló el inodoro y se deshizo de ellos al tirarlos en el pozo ciego.

En los pocos días que el crimen se mantuvo oculto, Montaño siguió castigando a Glenda por la infidelidad. Entre las humillaciones a las que la sometió, le exigió que “se cortara el pelo ‘a la papa’ para que ningún otro hombre, excepto él, se interesara por ella”, contó el abogado Fonzalida.

Apenas los policías se presentaron en su casa, Glenda se quebró y confesó lo que había ocurrido con Quiroga. “Él era la persona con la que tenía una aventura, la trataba bien. Ella no tenía ningún tipo de móvil en su contra ni intenciones de matarlo. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de Montaño que por celos le quitó la vida”, argumentó el profesional.

Para la defensa, el crimen de Quiroga fue un femicidio vinculado. Es decir, la muerte de otro u otra que tiene como objetivo seguir castigando, destruir psíquicamente a una mujer sobre la que se ejerce dominación.

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