
Somos finalistas del mundo. No, no es un sueño. Parece que hay que pellizcarse, pero la Selección argentina de básquet rompió todos los pronósticos y jugará este domingo ante España por la medalla de oro en el Mundial de China.
Y aunque el capitán Luis Scola diga que para él esto no es una sorpresa, nadie imaginaba este resultado en el inicio de la Copa del Mundo, ya que el equipo ganó todos los partidos y bajó a grandes potencias del torneo. De menor a mayor. Así fue el rendimiento de Argentina en el Mundial. Por suerte para la Selección, también fue de menor a mayor la dificultad de los enfrentamientos, lo que permitió que el equipo de Sergio Hernández se vaya acomodando y gane confianza para los duelos trascendentales ante las potencias.
El debut fue ante Corea del Sur, un rival que se suponía accesible, ya que no tenía grandes figuras en su plantel. Luego de un primer cuarto disputado, Argentina quebró el partido en el segundo período y “el Oveja” Hernández pudo darle participación a los 12 jugadores del plantel. El elenco nacional tuvo cinco jugadores en doble dígito y a Nicolás Laprovíttola como el más destacado con 17 puntos. Luego de sacarse los nervios del debut, Argentina tuvo que encarar un partido fundamental contra Nigeria para asegurar su clasificación a la segunda fase del torneo. Los africanos llegaban como una posible revelación del torneo, ya que contaban con cinco jugadores de la NBA y nueve basquetbolistas nacidos y criados en Estados Unidos.
Su estilo de juego atlético y dinámico era una amenaza para la Selección, que lo sufrió cuando en el segundo cuarto los nigerianos metieron una racha y se pusieron al frente en el marcador. Sin embargo, en el segundo tiempo apareció el temple del equipo, que defendió con mucha intensidad y atacó con mayor soltura, dos virtudes que caracterizan a Patricio Garino, la figura del encuentro.
Tras asegurar su pase a la segunda ronda, el equipo del Oveja Hernández debió enfrentar a Rusia, que también había ganado sus dos partidos anteriores en el grupo. Pese a que los dos equipos estaban clasificados, el partido era trascendental para ambos, ya que querían ganar para avanzar con un mejor récord a la segunda ronda. Para la Selección era una dura prueba, porque se trataba de su primer rival europeo y una de las escuelas históricas del básquet internacional. 
En un partido muy estudiado y de bajo goleo, el equipo nacional parecía tener el juego liquidado en el tercer cuarto, pero Rusia se despertó en el período final y se puso a dos puntos cuando faltaba menos de un minuto para que termine el partido. Ahí apareció Facundo Campazzo, el corazón del equipo, que tomó todas las responsabilidades en el cierre y con cuatro puntos, un robo y una asistencia en los últimos 30 segundos le dio un triunfo clave a la Selección.



