
En el club porteño la esperarían otras Leonas como Mariana Díaz Oliva y Cecilia Rognoni, y también su ídola María Paula Castelli, con quien siempre había soñado jugar.
Pero antes de concretar la mudanza, a “la Sole” le quedaba otro compromiso con la selección: la Copa América de Jamaica. Y ahí, de un momento a otro, tuvo que replantearse el camino.
“Mi día ‘D’ fue el 18 de marzo de 2001. Era la final contra Estados Unidos y yo me rompo cuando faltaban siete minutos para que termine el partido”, cuenta García y repasa: “Recibí una pelota y giré para sacar a una defensora, pero la rodilla se me fue para adentro y sentí el golpe”.
Los estudios revelaron que la cordobesa de Las Leonas tenía rotos los ligamentos cruzados de su rodilla derecha.
Soledad rompió en llanto. También lo hicieron Natalí Doreski, Mariné Russo y Claudia Burckart, las otras juniors de Las Leonas que en mayo debían jugar el Mundial de la categoría en Buenos Aires y que estaban perdiendo, en ese infortunio, a una de sus piezas clave, medallista de plata olímpica en Sídney 2000 y con experiencia en Champions Trophy.
Fuente Mundo D




