
Los equipos que juegan para salvarse del descenso pueden autocondenarse con sus propios miedos y ataduras. Pero otra veces consiguen adueñarse de esa condición tan particular de los que saben que ya lo perdieron todo. En esos casos es posible que se alcance una soltura y una determinación que los ubique en un rendimiento que está por encima de lo que se espera de ellos.
Tal
vez ese concepto se cruzó en los sentimientos de los jugadores de San Martín de Tucumán, que condicionaron durante todo el primer tiempo a Boca y lo obligaron a desacelerar ese envión que el equipo de Gustavo Alfaro traía de los dos últimos partidos (3 a 0 a San Lorenzo por el torneo y 3 a 0 a Tolima por la Libertadores).
La sorpresa fue mayúscula cuando Gonzalo Rodríguez, sin mucha resistencia, se aprovechó de dos cruces defectuosos de Buffarini y Lisandro López para llegar al fondo por la izquierda y entregarle el gol a Luciano Pons. El grito de desahogo
Pero el impulso tucumano no estaba destinado a durar. Boca está recuperando buenas sensaciones. Y apenas perdió un poco de intensidad el ímpetu de su rival, lo golpeó sin piedad, Boca le ganó 4 a 1 a San Martín y lo mandó a la B Nacional. Además, aseguró su clasificación a la Libertadores 2020.



