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HALLAN UN BARCO FANTASMA DESAPARECIDO HACE 100 AÑOS

Iba de Buenos Aires a Corrientes, llevaba siete tripulantes y lo buscaban desde 1921

Todo gracias al oportunismo de un pescador, de nombre Domingo, quien sacó su celular y empezó a fotografiar, río Paraná adentro, lo que parecían los restos de un viejo navío. Subió las fotos a Facebook para intentar llamar la atención de algún entendido o curioso, y quien picó fue José Luis Aguilar, director del Museo Paleontológico de San Pedro. Efectivamente se trataba de la antigua proa de un buque de madera que se incendió, se hundió en 1921 sin lamentar víctimas, pero su paradero era un verdadero misterio.

El hallazgo del Carmen Ligera -nombre de la embarcación-, tan azaroso como milagroso, se realizó a unos 200 metros del cauce principal del río, en un sector conocido como Cancha del Dorado, a 20 kilómetros de San Pedro y fue dada a conocer por la Agencia CTyS-UNLaM. «Y quiso la fortuna que la el Paraná estuviera muy bajo para lo que es la media del río -0.95 centímetros cuando lo frecuente son dos metros-, lo que permitió ver cosas que por lo general es imposible», explica Aguilar.

Cuando se confirmó que se trataba del Carmen Ligera, Aguilar se dirigió al lugar del hallazgo junto con otro integrante del Museo, Javier Saucedo. “No tuvimos otra forma de llegar que en lancha y debimos anclar en la boca del arroyo», describe el director, que sonríe por su pequeña epopeya: «Los últimos doscientos metros los hicimos en kayak porque, en esta parte, por la bajante del río, la profundidad es muy escasa”.

El de Carmen Ligera es un naufragio que quedó plasmado en los diarios de la época pero, con el tiempo, desapareció de la memoria colectiva porque dejaron de haber sobrevivientes, por lo que sobrevoló el apelativo de barco fantasma. «Entonces ser testigo de esta aparición de los restos de una barcaza de casi cien años, permite observar en primera persona, hacer contacto físico y visual, hacer un relevamiento fotográfico, es algo tangible, que ningún libro me lo está contando y que me da la posibilidad de elaborar una historia que la gente desconocía», sostiene el químico que está al frente del Museo hace quince años.

Finalmente, enfatiza el valor del hallazgo a partir del cambio de la geografía. «Es que cuando el buque navegó esos parajes, el lugar era muy diferente. Hace cien años, una pequeña isla dividía al curso del río y los buques pasaban de uno u otro lado de aquel islote. En aquel momento, el Carmen Ligera navegaba sobre el lado de la isla que daba a la costa entrerriana». Pero con el paso del tiempo, la isla se fue modificando «hasta unirse al continente y aquel brazo de río por donde navegaba se transformó en un pequeño arroyo con escasa profundidad.

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