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A 10 AÑOS DEL VOTO «NO POSITIVO» DE JULIO COBOS

La dramática noche en la que nadie durmió en la Argentina dejó secuelas importantes en nuestra política.

«No me arrepiento para nada por la forma en que voté, todo lo contrario. Al derogar la 125 se pacificó el país y se ayudó al gobierno, porque la espiral de violencia era evidente y no se sabía dónde podía terminar». El que habla es el ex senador por Santiago del Estero, Emilio Rached, por entonces un radical K que acompañó el giro de buena parte de la UCR a una alianza con el kirchnerismo. Como hombre de confianza del gobernador Gerardo Zamora se descontaba su voto a favor del oficialismo pero, a pesar de los llamados y presiones que existieron hasta último minuto, no traicionó sus convicciones y desairó al gobierno.

A favor o en contra del campo, nadie durmió en la madrugada del 17 de julio del 2008. El kirchnerismo creía posible el milagro de lograr un aval a la política agropecuaria contra el campo, que llevaba 129 días de conflicto. Durante esos más de cuatro meses, un gobierno creyó que estaba en juego la gobernabilidad y que la gente que se movilizaba en contra de la Resolución 125 eran golpistas.

El debate duró casi 18 horas y fue un durísimo revés para el kirchnerismo porque, además, había perdido los votos de peronistas de fuste como Carlos Reutemann (Santa Fe), Juan Carlos Romero (Salta), Roberto Urquía (Córdoba) y Teresita Quintela (La Rioja).

Cobos le había adelantado a Pichetto cuál sería su posición en caso de que le tocara votar. Pampuro quiso ayudar y le ofreció al mendocino reemplazarlo en la presidencia de la sesión para que no se expusiera, pero el vicepresidente estaba decidido a asumir su responsabilidad. Mientras todo eso sucedía, la Mesa de Enlace se había reunido en el predio de Palermo de la Sociedad Rural para tomar las decisiones en el tiempo real del Senado y evitar, juntos, las presiones que aumentaban.

Cuando Cobos dijo «la historia me juzgará, no sé cómo. Y que me perdone si me equivoco: mi voto es no positivo, mi voto es en contra», se produjo el grito del interior profundo, la Argentina que trabaja y no solo no tiene subsidios, sino que estaba obligada a pagar impuestos para exportar, único caso en el mundo.

Más tranquilo que en aquellos días, desde la bucólica y rural Pinto, Rached recordó que en esa semana de julio, hace 10 años: «Dejé a mis tres hijas con la madre en Santiago del Estero y con custodia policial, porque todos estábamos amenazados, y me vine a Buenos Aires». «Al llegar, me reuní con Julio (Cobos) y me di cuenta de que mi voto era decisivo, así que no dudé más, a pesar de que sabía los riesgos que estaba tomando». Luego de la dura derrota que se le imprimió al kirchnerismo, se enteró de que cinco minutos de terminada la votación, la custodia a su familia recibió la orden de retirarse. Eran las cinco de la mañana. Y ni la policía santiagueña había dormido.

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