Cada 3 de noviembre se conmemora la fecha en honor a John Montagu, el conde británico al que se le atribuye la popularización de esta preparación. Sin embargo, los antecedentes históricos de comer entre panes son milenarios y se adaptaron a todas las culturas.
Cada 3 de noviembre se celebra a nivel global el Día Mundial del Sándwich, una fecha que rinde homenaje al nacimiento de John Montagu, IV conde de Sandwich, quien nació en Inglaterra en 1718 y falleció en 1792. Aunque el aristócrata ocupó importantes cargos políticos y militares, su nombre quedó inmortalizado en la historia de la gastronomía mundial.
La elección de esta fecha busca recordar al noble británico, vinculado tradicionalmente a la leyenda de querer continuar sus partidas de cartas sin abandonar la mesa, pidiendo que le sirvieran carne entre dos rebanadas de pan para comer con una sola mano y sin ensuciarse. No obstante, los historiadores señalan que la historia de este clásico cuenta con dos dimensiones: el origen del nombre asociado al conde y la antigüedad milenaria de la práctica de combinar alimentos con pan.
Un invento mucho más antiguo que el conde
Mucho antes del siglo XVIII, diferentes civilizaciones de la antigüedad —como las culturas mediterráneas y la Grecia clásica— ya utilizaban el pan como soporte para otros alimentos con una necesidad práctica elemental: comer sin utilizar cubiertos.
Por lo tanto, los especialistas coinciden en que atribuirle la invención absoluta a Montagu resulta impreciso. Su verdadero aporte histórico consistió en popularizar el término en Inglaterra durante el siglo XVIII, el cual comenzó a expandirse de la mano del desarrollo del ferrocarril y de los viajes, donde se requería comida rápida y fácil de transportar.
Con los años, el sándwich demostró una enorme flexibilidad gastronómica, evolucionando desde la sencillez de los vagones de tren y los hogares hasta las propuestas de la cocina gourmet y las versiones adaptadas a nuevas tendencias nutricionales y de alimentación saludable.
El sándwich de miga, un símbolo indiscutido en Argentina
En Argentina, el concepto adoptó una identidad propia y masiva de la mano del sándwich de miga, una tradición con raíces en el tramezzino italiano surgido en Turín en 1925 en el Café Mulassano.
Con su característico pan blanco sin corteza y una textura fina, el sándwich de miga se transformó en el gran protagonista de cumpleaños, reuniones familiares, celebraciones y en las tradicionales mesas de fin de año. Entre las infinitas combinaciones posibles, el clásico de jamón y queso se consolidó como el favorito indiscutido de la memoria gastronómica nacional, acompañado por múltiples opciones que incluyen huevo, tomate, morrón, atún o roquefort.
Más de dos siglos después de que el término comenzara a popularizarse en Europa, el sándwich se mantiene vigente en todo el mundo gracias a su versatilidad para adaptarse a cualquier momento del día, combinando sencillez, rapidez y practicidad.
Fuente El diarioAR
