San Lorenzo le ganó claramente a Patronato, 3 a 0 con goles de Uvita Fernández, Zapata y Di Santo de penal, y consiguió calma y respaldo para el DT Paolo Montero.

En el Pedro Bidegain no se lució ningún trío estilo Messi, Neymar y Mbappé, no se vio un equipo con el juego de Guardiola, ni fue la Selección de Scaloni que cortó una década de racha sin títulos en la Copa América de Brasil. Se vio un San Lorenzo modesto, ordenado, práctico y, principalmente, comprometido; que ganó con autoridad, tomó oxígeno en una de las semanas más complicadas de los últimos años y hasta salvó la cabeza de su entrenador, Paolo Montero.
El partido tenía mucho más que tres puntos en juego. Era, casi, el cielo o el infierno. Luego de cuatro derrotas al hilo, donde el equipo no había mostrado ninguna respuesta anímica ni futbolística, con la explosiva salida de los hermanos Romero y el DT charrúa con medio pie afuera, una derrota ante los de Paraná podría arrasar con lo poco que parecía quedar en pie. Por eso hubo gestos que dijeron mucho más que las palabras que podían haberse escuchado en esa conferencia que Ortigoza y algunos más iban a dar post caída en La Plata. El abrazo del colombiano Zapata, Ortigoza y Cerutti con Montero en el festejo del segundo gol fue una muestra de apoyo para el técnico, tan grande como el rendimiento dentro de la cancha; la actitud de Ortigoza de cederle el penal a Di Santo para que se saque la mufa, que acumulaba hace rato y que le había quedado atragantada en esa mala resolución del final del primer tiempo, es la unión que hace rato no había.
