«De sangre soy albanesa. De ciudadanía, india. En lo referente a la fe, soy una monja católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo». La frase pertenece a la Madre Teresa de Calcuta, quien entregó su vida al cuidado de los demás sin medir consecuencias. De esta mujer que dejó una marca en el último siglo se cumplen este miércoles 110 años del aniversario de su nacimiento.
Agnes Gonxha Bojaxhiu nació en la localidad albanesa de Uskub (Imperio Otomano en aquel entonces) y ya desde muy joven abrazó la causa de la religión y la pasión por ayudar a los más débiles e indefensos. Con 18 años cambió su nombre a Teresa (en alusión a la Santa Patrona de los Misioneros, Teresa de Lisieux) y por dos décadas estuvo al servicio de Dios en un convento de Irlanda (Abadía de Loreto), aunque ya tenía la mirada puesta en lo que ocurría con la población de la India, que vivía en malas condiciones y donde la pobreza era moneda común.
Por tal motivo, en 1950 y con la ciudadanía india en su poder, fundó la Congregación de las Misioneras de la Caridad en la localidad de Calcuta, donde se enfocó en las necesidades de los indigentes y hambrientos, aunque no estuvo sola ya que un grupo de mujeres se unió a su causa y la acompañó hasta sus últimos días.
De hecho, al principio la congregación tenía 13 integrantes y con el paso de los años llegaron a ser más de 4.000 integrantes presentes en orfanatos, hospicios y centros de sida de todo el mundo. La congregación ofreció cuidado a los refugiados, entre los que había ciegos, discapacitados, alcohólicos, ancianos, pobres, personas sin hogar y víctimas de inundaciones, epidemias o hambrunas.
Tras la insistencia de Teresa más la ayuda de funcionarios locales, en 1952 inauguró el primer hogar para moribundos en la ciudad, al transformar un abandonado templo hindú en este nuevo sitio gratuito para los desvalidos.
