Esta “cláusula de lealtad” entre Messi y Barcelona no es algo nuevo en el conjunto catalán, que les había dado la misma posibilidad a otros históricos como Xavi Hernández y Carles Puyol. Era, además, una obligación para la dirigencia, que estaba condicionada a armar equipos competitivos para mantener motivado a su jugador estrella. Cumplido el plazo para la salida gratuita, quedó la otra cláusula: la económica. Al momento de la última renovación, en 2017, el monto pasó de 250 millones de euros a 700 millones. Impagable, incluso para los nuevos ricos del fútbol mundial. Y más si se tienen en cuenta las condiciones del Fair Play financiero de la UEFA, que obliga a todos los clubes a tener cuentas equilibradas entre ingresos y egresos. Manchester City, uno de los posibles destinos de Messi, fue sancionado en febrero por no respetar este Reglamento de Licencias de Clubes y del Juego Limpio Financiero. Primero le prohibieron participar de competencias europeas, aunque recurrió al TAS y solo quedó en una multa de 10 millones de euros. Si Messi decidiera irse del Barcelona, solo le quedaría la opción de sentarse y negociar con la dirigencia. Y por ahora Bartomeu no parece dispuesto a dejarlo salir: “Sigue siendo el mejor del mundo, el número uno y lo tenemos nosotros. Siempre diseñamos proyectos para que crezca y en el nuevo proyecto será igual».