Se vienen tiempos de tensión entre la dirigencia y Agremiados para sostener las remuneraciones de los futbolistas. Algunos no han pagado febrero, o lo han realizado a cuenta, y la mayoría tendrá dificultades para pagar los salarios de marzo y sobre todo abril. Por eso están pensando en una medida de shock para las competencias. La idea es que no haya descensos hasta diciembre del 2022.

Cuando se reanude la competencia se completará la copa de la Superliga con las 10 fechas que falten, sin descensos y determinando clasificaciones a copas Libertadores y Sudamericana. Con los 2 ascensos desde el Nacional, quedarán 26 equipos que jugarán también sin descensos desde enero a diciembre. Y ahí con otros 2 ascendidos más, habrá en el 2022 otro torneo anual con 28 equipos que concluirán ese año también sin decretar descensos. Recién en el 2023 y cuando el fútbol argentino vuelva a tener 30 equipos en primera división volverán los descensos y sin el histórico sistema de promedios.
La intención de quitar descensos es plantear un fútbol de producción, donde haya más refugio en las divisiones juveniles entendiendo el default de la actividad. Este cambio cultural se da desde la necesidad, pero no sabremos si los dirigentes del fútbol argentinos, aún con menos urgencias en la competencia podrán respetarse. Si esta búsqueda colectiva ante la emergencia podrán sostenerla manteniendo responsabilidad en el pago a los futbolistas. Cuánto podrán esperarse que aparezca alguien que en la búsqueda de fortalecerse pague por izquierda lo que su economía tal vez no le cierre.
