Boca vuelve a sonreír. Apenas con una mueca, porque su actuación fue pobre, más allá de que en los minutos finales tuvo varias situaciones claras de gol.

Tres pelotas chocaron en los palos. Y el remate de Pavón pareció gol, aunque la acción continuó, como si nada habría ocurrido. El desahogo es evidente y se nota en los rostros de varios de los que ahora celebran. El equipo xeneize es otra vez campeón, luego de superar 6 a 5 por penales a Rosario Central, tras un efervescente empate sin goles. Boca, al fin, conquistó la Supercopa Argentina. Necesitaba sentirse campeón. Necesitaba sacarse la mochila de las tres finales perdidas en el mismo certamen.
La obtención de su primera Supercopa Argentina es motivo suficiente para la alegría teñida de azul y de oro. Esta nueva estrella se convertirá en la número 68 de su poblado escudo y la que le permite convertirse en el club argentino más ganador de copas nacionales (13 contra 12 de Racing). Y no mucho más
«Esta copa le fue esquiva a Boca siempre. Ojalá se pueda volver a construir ese Boca sólido, granítico. Se hizo justicia por los muchachos: en el partido fuimos más, merecimos ganar en los 90 minutos, pero Boca sufre en los últimos tiempos. El corazón de los muchachos hizo que se consiga esto. Lo comparto con Guillermo: él logró esto y es parte». Se alegra Gustavo Alfaro, que apenas inclina su cabeza para que le cuelguen la medalla al campeón. Sabe que esta primera consagración como entrenador de Boca le sirve como trampolín anímico para ir por más, más allá de una actuación con matices.
Festeja Carlos Tevez, consciente de que a sus 35 años son cada vez más espaciadas las oportunidades de dar una vuelta olímpica. Que la decisión de cuidarse y no arriesgar a una lesión mayor la entorsis que había sufrido en su rodilla izquierda le permitió decir presente en esta final, aunque debió aceptar la decisión del entrenador de que comience como suplente y aportar su experiencia en los últimos minutos. Aunque su tarea fue discreta.
